jueves, 30 de junio de 2016

¿Qué más nos queda, Marx?







Se sabe bien que una sociedad de masas es vulnerable, influenciable por los medios y consumista. Todo producto cultural se convierte ahora en mercancía.


A primera instancia está la problemática de que la cultura no suele difundirse idóneamente. Y si se difunde, es sólo a un grado económico. ¿Entonces de qué sirve? ¿Dónde quedó la verdadera esencia de la literatura, el cine o el teatro?

Las nuevas generaciones se van quedando con los restos de un pasado, innovando el presente, pero lo que preocupa es el futuro. Si bien conocen a artistas como Van Gogh o Frida Kahlo, lo hacen porque sus rostros están plasmados en una playera, una agenda o una simple cartera. ¿En verdad admiran su trabajo?

La cultura solía tratarse de apreciación. Ahora sólo parece ser de consumismo.

Me aferro a la idea de que todavía hay unos cuantos conscientes de la definición de “Industria cultural”. Admiro a quienes encuentran un punto medio, uno en el que se reconoce la obra, la cultura, pero en el que tampoco hay oposición absoluta a la producción masiva, porque al fin de cuentas, es una forma de difundir lo intelectual, lo trascendente, lo bello del arte.

Si sabes apreciar los poemas de Poe, la escritura de Víctor Hugo, el cine de Chaplin, el arte de Dalí, y al mismo tiempo, admitir la industrialización de la misma, entonces no tendrás que preguntarte constantemente ¿qué más nos queda, Marx?

Fer C.  (Texto original)

No hay comentarios:

Publicar un comentario