Resulta difícil reflexionar
sobre aquel semblante con gran barba, resulta complejo ver que la sociedad no
ha evolucionado lo suficiente, pero por esa misma razón, resulta sencillo abrir
la mente, percibir, y admitir la realidad...la nuestra.
Reconocer que el capitalismo
suele ser una palabra imponente y desgraciada para el desarrollo de vida de
quienes son explotados por la misma. Vivir bajo la inminente sombra del
capitalista, que acompañará sin falta a quienes necesiten diariamente de
recursos.
No desde hace poco, los
trabajadores han visto una única salida: el vender su fuerza de trabajo. Ver
cómo agotas tu tiempo, tu fuerza física, tu capacidad intelectual, a cambio de
una remuneración que apenas te permite sobrevivir…pero aun así sigues en la
lucha.
La lucha anhelada tiene un
objetivo constante: esperar ser reconocido y conseguir algo que valga el mínimo
de tu esfuerzo. Pero ese objetivo ya no es una opción a primera instancia.
Dejas de lado la esperanza de algún cambio próximo y concentras todo tu ser en
el trabajo exhaustivo.
Criticas y desprecias a
quien es poseedor de la fuerza productiva, porque él crece a costa tuya, pero
admites también que sin él, no podrías ni siquiera despreciar esa rutina
grisácea en la que te ves sumergido por necesidad.
Marx lo advirtió, lo
visualizó, y aún después de tantos años, miles de personas, el proletariado y
el burgués, sin distinción alguna siguen oyendo sobre él, aprendiendo su
doctrina y teoría…y entonces, quizá Marx nunca se fue.
Fer C. (Texto original)
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