Solían ser entes dormidos, cegados
por completo de sus tormentosas realidades. Trabajaban como obreros desde muy
temprano, hasta caer la noche, no porque así lo desearan, no porque alguien más
los hubiera obligado a hacerlo, sino porque era la única forma de sobrevivir.
Sobrevivir comiendo lo poco,
ganando la miseria en forma de dinero, siendo explotados y estando condenados a
repetir esa vida por generaciones.
Trabajaban atados a una cadena,
sin poder aspirar, creyendo que así debía ser, pero entonces se dieron cuenta,
abrieron los ojos y entre rostros cansados, vieron su realidad, las deplorables
condiciones laborales, que en nada ayudaban para conseguir una “buena” vida.
Esos obreros sumergidos en un
perpetuo cansancio, comenzaron a moverse, a romper sus cadenas y a matar su
miserable condena…comenzaron a despertar y, con ellos, el movimiento obrero
también.
Fer C. (Texto original)
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